Una investigación útil para entender el futuro de los exoesqueletos en el sector agropecuario
El paper que sirve de punto de partida para este artículo no estudia una tarea agrícola de campo, sino el uso de un exoesqueleto pasivo de soporte cervical durante cirugías veterinarias en vivo. El trabajo, publicado en 2026 por investigadores de Purdue University, se sitúa en un entorno profesional muy exigente desde el punto de vista ergonómico: largos periodos con flexión de cuello mantenida, alta precisión manual y escaso margen para interrumpir la tarea. Según el resumen disponible, el objetivo fue analizar cómo influye ese soporte en la fatiga muscular de cuello-hombro y en el movimiento durante la cirugía veterinaria.
Esto importa más de lo que parece para el ámbito agropecuario. La veterinaria forma parte de la cadena de valor del sector, especialmente en ganadería, y comparte con muchas tareas agrarias un patrón biomecánico claro: posturas sostenidas, trabajo repetitivo y sobrecarga localizada. Lo interesante del enfoque del grupo no es solo el dispositivo concreto, sino la forma de investigar el problema: primero identifican el riesgo físico real, después miden la exposición y finalmente prueban una ayuda wearable en condiciones de trabajo auténticas. Ese camino es exactamente el que debería seguir cualquier proyecto serio de implantación de exoesqueletos en agricultura o ganadería.
Qué viene estudiando este grupo de investigación
El laboratorio Healthcare Ergonomics Analytics Lab de Purdue, dirigido por Denny Yu, lleva varios años trabajando sobre ergonomía aplicada, sensores y reducción de carga física en entornos clínicos y quirúrgicos. Antes de este artículo de Applied Ergonomics, el grupo ya había publicado estudios sobre síntomas musculoesqueléticos en cirujanos veterinarios, factores de trabajo asociados al dolor y evaluación de exoesqueletos pasivos durante cirugías en vivo.
En una encuesta previa, el 93% de los profesionales participantes reportó síntomas musculoesqueléticos vinculados a la cirugía en al menos una zona corporal, con afectación frecuente en cuello y espalda. En otro estudio, con 212 cirujanos veterinarios, el dolor aumentó significativamente tras una jornada típica de cirugía y se relacionó con variables del trabajador y de la propia carga de trabajo.
La lección principal para agricultura y ganadería
La principal enseñanza de la publicación y de la trayectoria del grupo es que el exoesqueleto debe responder a una demanda biomecánica concreta. En cirugía veterinaria, el foco está en el cuello. En una explotación agropecuaria, el punto crítico puede estar en la zona lumbar, los hombros o la combinación de ambas según la tarea. Por eso no existe un exoesqueleto universal válido para todo el campo. La utilidad real depende de qué movimiento se repite, cuánto dura, qué libertad de movimiento exige el puesto y si el dispositivo añade interferencias operativas.
La evidencia reciente en agricultura apunta precisamente en esa dirección. Una revisión de 2024 sobre exoesqueletos con potencial para prevenir trastornos musculoesqueléticos en agricultura señala que las tareas con mayor interés son aquellas con flexión mantenida, trabajo por encima del hombro, manipulación de cargas y movimientos repetitivos, pero también advierte que la aplicabilidad debe validarse tarea por tarea. Además, un estudio de 2025 sobre un exoesqueleto pasivo de miembro superior en trabajo agrícola observó reducciones significativas de actividad muscular en hombro y brazo de alrededor del 25% al 35%, sin penalización clara del tiempo de ejecución, aunque aparecieron demandas compensatorias en la musculatura del tronco y diferencias según dirección y distancia de trabajo.
Del quirófano veterinario a la granja: dónde puede aportar valor un exoesqueleto
Trasladado al entorno agropecuario, esto obliga a pensar en escenarios muy concretos. En horticultura y recolección, el problema suele estar en la flexión prolongada del tronco y en ciclos repetidos de alcance y carga. En ganadería, puede aparecer durante la manipulación de sacos, alimentación, limpieza, ordeño o mantenimiento de instalaciones. En poda o tareas con brazos elevados, el interés se desplaza hacia soportes de miembro superior. Y en entornos veterinarios asociados a producción animal, las posturas estáticas y la precisión manual abren la puerta a soluciones más específicas, como la que estudia el paper.
Aquí conviene ser prudentes. Que un exoesqueleto reduzca actividad muscular en una zona no significa automáticamente que sea adecuado para cualquier puesto. Puede redistribuir la carga, limitar ciertos gestos o funcionar bien en una tarea y mal en otra. Por eso la implantación no debería comenzar con el catálogo del fabricante, sino con la evaluación del trabajo real: duración del ciclo, postura dominante, necesidad de caminar, acceso a vehículos, interacción con herramientas, condiciones ambientales y aceptación del usuario.
Qué debería hacer una empresa antes de implantar exoesqueletos en el ámbito agropecuario
La conclusión práctica es clara: el sector agropecuario tiene argumentos sólidos para explorar exoesqueletos, pero necesita un enfoque técnico y operativo. El paper de cirugía veterinaria refuerza la idea de que los soportes pasivos pueden tener sentido cuando la exposición postural es alta y sostenida. La investigación en agricultura añade que la reducción de carga debe comprobarse junto con estabilidad, confort, usabilidad y efecto sobre el rendimiento.
En Española de Robots, este tipo de proyectos debe abordarse evaluando la tarea, verificando la viabilidad operativa y contrastando qué tipo de exoesqueleto encaja realmente con el puesto. No todos los trabajos del campo necesitan la misma ayuda ni todos los dispositivos sirven en condiciones de uso intensivo. Lo sensato es identificar puestos prioritarios, realizar pruebas piloto y medir si la solución reduce sobrecarga sin comprometer movilidad, seguridad ni productividad. Ese es el punto en el que la tecnología deja de ser una promesa y empieza a convertirse en una decisión empresarial con fundamento.