FEMEVAL y el Instituto de Biomecánica de Valencia están desarrollando una herramienta informática para ayudar a las empresas del sector metal a decidir qué exoesqueleto puede resultar adecuado para una tarea concreta y cómo incorporarlo al proceso productivo. El proyecto, identificado como TRCOIN/2026/24, se ejecuta entre julio y noviembre de 2026 con apoyo de la Generalitat Valenciana en el marco de actuaciones de prevención de riesgos laborales.
De una guía general a una decisión por puesto
La iniciativa continúa el trabajo realizado por FEMEVAL e IBV en 2025, cuando elaboraron una guía para identificar exoesqueletos y plantear su implantación en el metal. El paso de 2026 es especialmente relevante porque intenta convertir ese conocimiento en un proceso de selección accesible online.
El planteamiento evita una simplificación habitual: elegir un equipo por sector o por el nombre del puesto. En una misma empresa metalúrgica pueden convivir soldadura, montaje, manipulación, mantenimiento y control de calidad, con exposiciones físicas y restricciones operativas muy diferentes.
Los criterios que condicionan la selección
IBV señala que deben considerarse la tarea específica, los movimientos, las posturas mantenidas, la repetitividad y las características de las personas usuarias. También menciona cuestiones que suelen aparecer tarde en muchos pilotos, como la diversidad antropométrica, el uso por hombres y mujeres o la compatibilidad con zonas ATEX.
La propia entidad advierte de que no todos los puestos son susceptibles de incorporar exoesqueletos y de que los dispositivos disponibles no aportan beneficios en todas las situaciones. Esta cautela es importante: el objetivo no es encontrar un exoesqueleto para cada problema, sino descartar pronto las aplicaciones sin encaje.
Qué aporta a la prevención en España
Que una actuación financiada dentro de PRL se centre en la selección por tarea refuerza una idea necesaria: el exoesqueleto debe integrarse en la evaluación preventiva y no tratarse como una compra aislada. La herramienta puede facilitar conversaciones más precisas entre prevención, producción, ingeniería y compras.
También puede ayudar a documentar por qué se elige una categoría de asistencia y no otra, qué movimientos deben conservarse y qué riesgos secundarios hay que vigilar durante la prueba. Esa trazabilidad resulta más útil que una demostración breve basada únicamente en sensaciones iniciales.
Cómo traducir la herramienta a una prueba real
Una preselección digital puede reducir opciones, pero no sustituirá la validación en el puesto. Después habrá que ajustar el equipo, formar a usuarios representativos, reproducir ciclos completos y observar tareas secundarias, desplazamientos, herramientas, equipos de protección y procedimientos de emergencia.
El resultado debería medirse con indicadores definidos antes del piloto: exposición, fatiga percibida, interferencias, tiempo efectivo de uso, incidencias, aceptación y viabilidad operativa. La decisión de continuar debe apoyarse en ese conjunto y no en una única cifra.
De la noticia a una decisión de implantación
La publicación de un estudio, una guía, una ayuda o un programa piloto no debería activar una compra automática. La primera decisión consiste en comprobar si el problema descrito coincide con la exposición real de la empresa. Para ello hay que observar el ciclo completo, identificar la fase que concentra la demanda física y separar la necesidad preventiva de una simple oportunidad tecnológica. Si la asistencia no actúa durante una parte relevante del trabajo, su utilidad será limitada aunque el dispositivo funcione correctamente.
Después conviene establecer una comparación explícita con otras medidas. Cambiar alturas, útiles, layout, secuencia, pausas o reparto de tareas puede reducir el riesgo de forma más directa. El exoesqueleto tiene sentido cuando aporta una ayuda complementaria y verificable, no cuando se utiliza para mantener una situación que podría corregirse en origen. Esta revisión también permite explicar al equipo por qué se prueba el dispositivo y qué resultado se espera.
Indicadores para supervisar un piloto
Antes de iniciar la prueba deberían acordarse indicadores de exposición, esfuerzo o fatiga, además de variables operativas y de aceptación. Resulta útil registrar tiempo efectivo de uso, motivos de retirada, interferencias, ajustes, incidencias y diferencias entre usuarios. Cuando sea viable, las mediciones objetivas deben combinarse con cuestionarios y observación. Ningún indicador aislado demuestra por sí solo la idoneidad del equipo.
También deben existir criterios de parada. Dolor nuevo, pérdida de movilidad necesaria, incompatibilidad con un procedimiento de seguridad o deterioro de la calidad son razones para detener y revisar. No mantendría un piloto para justificar una compra ya decidida ni ampliaría el uso basándome solo en una valoración positiva de los primeros minutos. La familiarización es necesaria, pero no debe emplearse para normalizar una incompatibilidad.
Qué debería comprobar una empresa antes de decidir
- Definir la sobrecarga concreta que se quiere reducir.
- Comprobar compatibilidad con herramientas, EPI, espacios y zonas ATEX.
- Incluir usuarios representativos y diversidad antropométrica.
- Establecer criterios de éxito, parada y seguimiento antes de la prueba.
Una implantación útil empieza por la tarea
Española de Robots parte de ese mismo principio: evaluar la operación, descartar incompatibilidades, seleccionar el tipo de asistencia y acompañar una prueba controlada. La futura herramienta FEMEVAL–IBV puede convertirse en una referencia española útil, pero su valor dependerá de cómo se conecte con la realidad completa del puesto.